La metamorfosis de Gregor no es, como puede parecer a simple vista, la
causa de su ruina. La verdadera causa de ésta es el efecto simbólico de
su vida cotidiana. Gregor no tiene un solo asidero humano: no conoce la
amistad, ni el amor, ni la esperanza. El escarabajo Gregor no es capaz
de hacerse entender ante nadie, el Gregor “hombre” tampoco. La vida de
Gregor antes de la metamorfosis es mezquina, pobre, sin humanidad. No
tiene nadie a quien comprender, ni nadie que le comprendiera. Por tanto,
la propia metamorfosis no provoca su fin. En el proceso de
transformación emerge, al fin, la conciencia de la propia inhumanidad.
Es el cambio psíquico producido en Gregor después de la transformación
el que proporcionará la luz que le hará comprender.
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